Susana Díaz adelantó casi un
año las elecciones andaluzas por la “inestabilidad” del Gobierno de coalición
de PSOE e Izquierda Unida. A lo largo de la campaña electoral, la dirigente
socialista ha pedido una mayoría amplia para tener un Gobierno fuerte y
estable. Las urnas han otorgado a Díaz una victoria clara, pero lejos de la
mayoría absoluta, por lo que afronta una legislatura en la que estará obligada
a hacer un juego de equilibrios para gobernar. Con el 99% de los votos
escrutados, el PSOE vuelve a ser primera fuerza en Andalucía y obtiene 47
escaños, los mismos que en la anterior legislatura. La mayoría absoluta se
logra con 55 diputados, por lo que Díaz tendrá que buscar acuerdos,
previsiblemente puntuales, con otras formaciones para tener la ansiada
estabilidad.
Como auguraban las
encuestas, el PP cae de forma estrepitosa y logra 33 diputados, 17 menos que en
2012. Podemos, en la comunidad en la que sus expectativas eran moderadas, entra
con fuerza y suma 15 escaños. Izquierda Unida queda arrinconada por el ciclón
del partido de Pablo Iglesias y logra cinco, siete menos que hace tres años. Y
Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, se alza con nueve y tiene la llave de
la gobernabilidad de la comunidad.
Las urnas han confirmado la
fortaleza del PSOE en Andalucía; la enorme erosión de las otras dos fuerzas
tradicionales, PP e Izquierda Unida; y el ascenso de los nuevos, Podemos y
Ciudadanos. En las décimas elecciones andaluzas, el PSOE recupera la mayoría
social que perdió en los comicios de 2012 frente al PP de Javier Arenas, aunque
con el peor resultado en porcentaje de voto de la historia autonómica (el 35%),
y resiste el embate de las nuevas formaciones, que han obligado a repartir
mucho más la tarta electoral.

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