Este artículo fue publicado
originalmente por El Universal
“Sabemos como comienzan
estas cosas, nunca como terminan” suele ser un comentario fundado en el sentido
común, esa máquina portentosa en la reproducción de una de las formas de la
sabiduría que menos se equivoca: el lugar común. Es cierto, son muchas las
situaciones donde “sabemos como comienzan estas cosas, nunca como terminan”, y
nos sentamos a esperar, abstraídos como quien come cotufas -un estado de
sublimación Zen- a que los acontecimientos se desarrollen en todo su caótico
desorden.
A quienes, a falta de
mejores instrumentos de discernimiento,
acudimos con frecuencia al sentido común de otros para orientarnos en el borrón de las peripecias de
la política nacional, nos cayó la locha, como un ladrillo en la cabeza, que el
mejor de los planes A, B e incluso C, que se tenía a mano, era prepararse con
tiempo para las elecciones parlamentarias y no distraerse sacándole punta al
lápiz de cuanta ocurrencia nos trajera el primer sol de la mañana.
Alguna gente de la oposición democrática se pregunta, con
toda razón, por el destino de tantas firmas recolectadas y tantos congresos
ciudadanos anunciados; al fin y al cabo, el sentido común, y los buenos
modales, dictan que al tratarse de iniciativas constitucionales y democráticas,
merecerían que sus proponentes tuviesen a bien brindar una información
detallada de su paradero; sobre todo a quienes fueron convocados a facilitar su
autógrafo, o donar su paciencia y humanidad para rellenar un recinto vacío.
¿Qué pasó con esas iniciativas? ¿En cuál reservorio pastorean sus logros?
Convengamos que responder a tan válidas inquietudes, les otorgaría autoridad a
la hora de reclamar transparencia a los demás grupos políticos opositores
reunidos en la MUD, como suelen hacer con airada frecuencia.
Como era de esperarse,
quienes hasta hace nada visualizaban las elecciones parlamentarias en los
confines cronológicos de Matusalén, llegan ahora con el pasito apurado, y el
jabón todavía en las orejas, a exigir que se hagan primarias en todos lados y
se deshagan los consensos tan arduamente labrados. Los hay quienes convinieron
con lo consensuado en la mañana y en la tarde convocaron una rueda de prensa
para denunciar los pactos a “espaldas del pueblo”. Otros, a sabiendas de que fueron escogidos por consenso
para presentarse en una circunscripción determinada, dado su arrastre
particular en ella, luego exigen que les hagan su primaria personalizada -una
especie debaby shower- en la seguridad absoluta de que van a ganarlas.
El sentido común indica que
se les debería permitir a la administración Obama y al gobierno del presidente
Maduro, dirimir sus desavenencias en torno a la orden ejecutiva emanada -a lo
mejor hasta por default- de una computadora en la Casa Blanca. Mientras Mambrú
está distraído en su guerra de quincallería -a nadie le interesa, las colas son
para comprar jabón y pañales y no para alistarse en la defensa de la patria-
habría que finiquitar la selección de
candidaturas, presentarlas públicamente, y comenzar a barrer el país
circunscripción por circunscripción con un mensaje unitario de cambio y
superación de las calamidades causadas por el gobierno.
Quienes, una vez más,
pretenden distraer la atención de las elecciones parlamentarias y retardar la
puesta en marcha del mecanismo que le retorne la iniciativa política a la
oposición democrática, están jugando con una oportunidad única para desmontar
democráticamente al régimen. En esta materia, hay una dolorosa experiencia
acumulada y sabemos -en votos propios- como comienzan las cosas y también como
terminan: en la más frustrante derrota.
@jeanmaninat
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