Una de las tareas para que una nueva mayoría legisle y
propicie beneficios efectivos a los sectores populares, es
impulsar un proceso de reformas hacia la descentralizar, y recuperar y
profundizar la democracia. Venezuela lo había iniciado, pero la oleada
reaccionaria no sólo lo revirtió, sino exasperó esa reversión a extremos
aberrantes. Concentrar poder pasó de ser
un defecto administrativo como era en la democracia, para convertirse en una
autocracia que se descompone. Esa tendencia patológica se mantuvo, y la
perspectiva no es a que se consolide el autoritarismo fofo y desarticulado, sino
que se africanice la sociedad, el colapso y la anarquía. Una crisis sistémica
que disuelve día a día los fundamentos civilizados del poder, como tantas veces
ha ocurrido en casos similares, lo lleva a refugiarse en la violencia y amenaza convertir Venezuela en un país
fallido.
El populismo clásico siempre
terminó en caos. El suicidio de Getulio Vargas en Brasil, el derrocamiento de
Perón en Argentina, la “putrefacción” de Velasco Alvarado en Perú. Luego de
arruinar a los pobres con hiperinflaciones, desempleo, hiperdevaluaciones,
dictaduras, siempre alguien quiso reivindicarle el mérito de “llamar la
atención sobre los pobres”, auqnue las víctimas fueron precisamente ellos. No
se trata de un pronóstico y ya todos los indicadores multilaterales creíbles señalan
a Venezuela como el mermado mental de América Latina. La secuencia de estudios
de Transparencia Internacional (2014) lo marcan como el país más corrupto del
continente. El Fraser Institute (2014) sostiene que es el último en el mundo en
libertad económica, acompañado de Zimbabue y Angola. Es el cuarto país en
homicidios a escala mundial, afirma el Instituto Internacional de Criminología
Comparada.
De
últimos en todo
Según Barómetro
Latinoamericano de Talento “Venezuela,
Bolivia, Ecuador y Paraguay se ubican como las naciones con menor
potencial para “crear, desarrollar y mantener recursos humanos altamente
calificados”. Posee los mayores índices de deserción escolar y baja calidad de
la educación básica. Las universidades clasifican a partir del muy mediocre
puesto 37 entre las latinoamericanas, por obra de la asfixia económica y
política. Este indicador al extremo porque las mejores de la región no existen
entre las cien primeras del mundo. Cola de ratón y colapso educativo. Si se prescinde de los opacos indicadores
forjados por el gobierno, Venezuela cuenta con los mayores índices de
inflación, devaluación, desempleo y carencia de viviendas. Se destruye la
infraestructura vial y la que produce
electricidad, que retroceden hasta antes
de 1958.
Cálculos erróneos comparan la pobreza de hoy con la de 1998,
cuando lo cierto es que el ingreso per cápita en dólares era entonces cuatro
veces mayor. Lo insólito es que, en medio de un auge milagroso de ingresos petroleros,
el país pierde sus avances civilizacionales conquistados durante la etapa
democrática. El Rey Midas es uno de los personajes más estúpidos de cultura.
Pidió a los dioses el regalo de que todo lo que tocara se convirtiera en oro y
murió de hambre porque no podía comer. El símil es aplicable a otros. Es el
asombroso balance del centralismo autocrático que suprimió la autogestión de la
gente en asuntos educativos, económicos, sociales, culturales y políticos, al
debilitar gobernaciones y alcaldías.
El
foco en la descentralización
Concentró el PSUV los
poderes de los estados, municipios y eliminó las juntas parroquiales electas, a
través de parapetos totalitarios fracasados como las “comunas”. Cuando pase la pesadilla deberá asumir un
intenso plan de descentralización democrática para superar las secuelas. En los
próximos meses se renovará el parlamento. Es probable que eso produzca el
efecto dominó y se tiña el mapa de tendencias democráticas y pluralistas
predominantes. Descentralizar tiene diversas aristas. La territorial implica
traspasar mecanismos de poder político y facultades económicas a organismos
electos por los estados: gobernadores, alcaldes, legislaturas regionales y
concejos municipales.
Es también desconcentrar:
que los organismos nacionales, ministerios, por ejemplo, traspasen a sus
propias oficinas estadales recursos organizativos y financieros para que se
manejen en coordinación con las autoridades locales. Al decir de Bonnie Tyler,
Venezuela camina sobre dinamita y arroja chispas. Es urgente recuperar la
gobernabilidad y una nueva mayoría parlamentaria, junto con gobernadores y
alcaldes, y las comunidades de estados y municipios deben configurar un frente
común, un gran movimiento nacional por la descentralización. Y así exigir que
la Asamblea abandone el centralismo que la ha caracterizado, incumpliendo su
mandato para obedecer órdenes del Poder Ejecutivo Nacional.
@CarlosRaulher
Publicado Originalmente por: http://dossier33.com/
De seguirse cobrando el IVA deben ser ingresos para las regiones y dedicarlos a la educación.
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